No importa la edad, la nacionalidad, las creencias, siempre ha sido una pregunta planteada por generaciones de hombres y sin embargo, ha sido esta inquietud la que ha permitido que muchos se adueñen de sus respuestas, dando nacimiento a religiones, normas de conducta y mandatos, con mucho miedo.
No quiero irrespetar ninguna creencia religiosa, desde mi experiencia he entendido que la espiritualidad nada tiene que ver con la religiosidad, y apartándome en lo posible de cualquier juicio, me atrevo a opinar que la mayoría de las religiones excluye todo aquello que se les oponga, partiendo necesariamente de la dualidad, lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, quedando exiliados por generaciones por el miedo y la culpa.
Sin embargo, estoy convencida que ha sido justamente vivir en medio de estas emociones, lo que ha cercenado nuestra capacidad de expansión y crecimiento.
Lejos de cultivar el amor, he visto como ha dejado en los seres humanos un profundo sentimiento de indignidad, culpa de existir, de recibir, de ser, sintiéndonos separados de Dios, desterrados de su divinidad, viviendo en un mundo de sufrimiento, anhelando una vida eterna, más allá de esta.
Para mí, la espiritualidad no es otra cosa que el cultivo de una vida interior, el conocimiento profundo de nosotros mismos, de nuestra luz y nuestra oscuridad, llegar a comprender nuestra divinidad y perfección, sabernos dignos de amor por el solo hecho de existir.
Sólo quien es capaz de reconocer su propia sombra y aceptarla, puede verdaderamente sentir amor y compasión por sus semejantes, porque entendiendo que todo aquello que observamos y percibimos como bueno o malo, hace parte del todo y que tanto la luz como el día existen para dar equilibrio y es perfecto tal y como es, llegamos a la comprensión según la cual, la separación es una ilusión.
Pertenecemos al mismo arbol de la vida y como este, sus ramas, aunque diversas, conviven en armonía, sintiéndose pertenecientes al mismo ser.
La espiritualidad es poder reconocer la magnificencia de la vida, no solo la humana, exige vivir desde el respeto a todo ser y a toda presencia.

Por tanto, levantarte cada día, dando gracias por tu existencia, por tus sentidos, por tu capacidad de amar y poder expresarlo, sentirte motivado por ser quien eres y aceptar sin vergüenza tus dones, poniéndolos al servicio de los demás, es lo que constituirá tu más grande realización y éxito.
He visto más espiritualidad en los animales, en las plantas, en un amanecer o en una luna llena, que en quienes se autodenominan así, aquellas, son expresiones perfectas de la vida y simplemente “son”, existiendo con sus dones al servicio de todo lo que existe.
No creo que necesites elegir un tipo de alimentación especifico, ni vestirte de uno u otro modo, tampoco se exige hablar de alguna manera ni rezar en un templo especial, que no por suntuoso, ni por misterioso es mas digno, que tu propio corazón, que es en ultimas, el templo más sagrado que te fue dado para honrar la vida y la divinidad.
Pero también sé que una vida, que no está alimentada por la espiritualidad, termina siendo una vida vacía y sin sentido, que no logrará ser llenada con dinero, logros profesionales, fiesta, ni viajes; nada exterior puede llenar la ausencia de ti mismo.
La buena noticia, es que siempre tendremos la oportunidad de descubrirlo y vivirlo, normalmente después de agotar las opciones allí afuera, luego de vivir un momento oscuro, una perdida o desilusión, o tal vez muchas.
Todos los seres humanos compartimos un mismo propósito de vida: Restaurar el amor en nosotros, anhelamos ser respetados, amados y reconocidos, pero equivocadamente creímos que alguien afuera haría eso por y para nosotros.
Sin saber que en realidad anhelamos la mirada propia, el respeto y reconocimiento de nosotros mismos, nos volcamos a la conquista del mundo exterior, cada vez más perdidos.
Pero una vez permites encender esa luz interior y decides empezar a vivir la espiritualidad como una forma consciente de estar aquí, desde la presencia, como un observador respetuoso y sin juicio, empiezan a ocurrir los milagros en tu vida.
Aunque en realidad, los milagros siempre han estado ahí, tu vida misma lo es, los milagros te acompañan a través de sincronicidades y regalos, pero tu falta de presencia no te permite ser consciente de ello.
Cuando logras ver las conexiones, cuando aceptas la realidad tal y como es sin querer cambiarla, cuando te permites confiar en la perfección de lo que ocurre sin juzgarlo y en lugar de ello eliges sanar la relación contigo mismo, eliges amarte y aceptarte tal y como eres, descubres tu dignidad, tu merecimiento, no hay culpas, ni “deberías”, simplemente amor, empiezas a vivir desde el disfrute, lo que en mi concepto es la auténtica espiritualidad.
Te invito entonces a empezar a vivirla desde esta simplicidad, yo transito todos los días por esa elección, me caigo, recaigo, pero cada vez con mas confianza en que todo es perfecto y esta ocurriendo frente a mis ojos con un propósito superior, por el que agradezco día a día.

Este nuevo entendimiento me ha hecho mas agradecida, y cada vez que doy gracias por lo que tengo, la vida me regala mas motivos para agradecer, me ha abierto el camino a amarme y respetarme lo que sin duda constituye el acto mas elevado y espiritual que existe, porque no puedes pensar en amar y servir a otro, si no eres consciente de tu valía primero que todo.
La mejor forma de agradecer un regalo, no es diciendo simplemente gracias; es disfrutarlo, usarlo, honrarlo, porque la gratitud se vive, no se dice simplemente.
Que tu oración diaria sea entonces: ¡Gracias por mi vida! Una vida merece ser vivida desde el gozo, pero este siempre vendrá de adentro hacia afuera, no ocurre al revés.
Paula Liliana González Gómez